Me imagino que se habrá enterado cómo metió la pata mi hijo el otro día…

¿No? ¿En serio no sabe nada? Le cuento…

Resulta que mi hijo estaba saliendo con la hija de Norma, ¿la conoce?

No, esa no, la menor digo yo, la que se llama Josefina…

Sí, ya sé, no ponga esa cara. Yo le dije: “¡Estás loco, es muy chica para vos!” Porque Martincito cumple treinta y dos este año y esta chica recién cumplió los veinte años. Le dije que tendría que conseguirse una chica de su edad para pensar en una familia, pero me después callé porque Martincito se enoja cuando le hago estos planteos y me deja hablando sola, como hacía su padre, que Dios lo tenga en la gloria, eso lo heredó de él.

La cuestión es que fue esta chica, Josefina, la que lo buscó a mi Maritncito. Le mandaba mensajes casi todas las noches al celular, mire usted qué atrevimiento. Lo que pasa es que las chicas de ahora son así, cuando les gusta algún hombre van y lo buscan ellas, se invirtieron los roles. Eso en nuestros tiempos no pasaba, nosotras éramos más decentes, o más boludas quizás, no sé…

Para colmo mi Martincito es muy lindo, y no lo digo porque sea su madre. ¿Sabe las veces que me gritan ¡suegra!, cuando voy caminando por la calle?  Yo me hago la sorda, la que no escucho nada, pero me doy cuenta que andan todas alzadas con mi hijo en el barrio. Así que mujeres no le faltan, y yo se lo puedo asegurar porque además él mismo me lo cuenta. Eso es lo bueno que tiene Martincito. Me cuenta todo y con lujo de detalles. Incluso me dijo que tuvo un pequeño romance con su hija, no sé si usted se enteró… ¿No? Bueno no importa, no importa, no se ponga mal, igual me contó algo así al pasar nomás…

La cuestión es que como le decía, mi hijo estaba saliendo con Josefina y yo no sabía, pero esta chica tiene de padrino al Gonzalo Peralta, íntimo amigo de Martincito…

¿Usted lo conoce al Gonzalo?

¡Claro! El que está casado con Carina. Bueno y resulta que el Gonzalo es casi un padre para Josefina y se enteró. Creo que Carina los vio juntos a mi Martincito y a esta chica una noche y se lo contó al Gonzalo, que se puso como loco y le fue a decir de todo a mi hijo…

No sé si usted sabe, pero parece que Carina fue la primera y única mujer con quien estuvo el Gonzalo en toda su vida. Martincito me contó que nunca salió con otra, y no es que no tuviese propuestas, pero el Gonzalo decía que para qué quería otra mujer si ya tenía una que le gustaba. Hombres así es muy difícil de encontrar, qué quiere que le diga.

Así que el Gonzalo siempre lo trata de convencer a mi Martincito para que siente cabeza. Incluso le presenta mujeres que andan con ganas de casarse. Pero mi Martincito es medio tiro al aire ¿vio? Como su padre, que Dios lo tenga en la gloria, no hay forma de que siente cabeza. Usted no sabe cómo me costó que el Ernesto me pidiera casamiento. Yo le insistía, y le insistía, pero Ernesto no quería saber nada. Por suerte quedé embarazada y mis padres un poco lo apuraron para que formalizara, que si no, no sé qué pasaba…

Pero bueno, la cuestión es que la otra noche mi hijo me pidió prestado el auto y se fue con esta chica, Josefina, para el motel…

¿Cómo qué motel? El que está a la salida del pueblo, no se haga la tonta, si habrá ido usted alguna vez, no me diga que no.

Y se ve que Martincito estaba un poco alcoholizado. Porque mi hijo es de tomar mucho. Cuando está en casa no, hace buena letra, pero yo sé que toma porque me lo han contado. Además en uno de los cajones de su mesita de luz tiene escondida una botella de whisky y de vez en cuando se toma unos vasos, porque cada vez que la veo está más vacía. Ojo, no es que yo lo controlo o le ando revisando sus cosas, como él me dice, lo que pasa es que a veces entro a su pieza para acomodarle el lío que tiene, porque es muy desordenado…

Y resulta que cuando entra con el auto a una de las cocheras del motel, no se da cuenta que ya había estacionado otro coche en ese lugar y lo choca. Imagínese cómo habrá estado de alcoholizado, no le puedo explicar la baranda a alcohol que tenía el coche cuando me lo trajo.

Entonces Martincito se baja del coche, para ver si le había hecho algún daño al otro, y usted no me va a creer que mi hijo se da cuenta que el auto que chocó era el del Gonzalo…

¿Cómo qué hacía ahí el Gonzalo, querida? ¿Qué va a hacer en un motel? ¡No haga preguntas tontas!

Martincito no lo podía creer, porque el Gonzalo, como le dije, siempre fue muy correcto, de principios intachables, así que mi hijo no salía de su asombro al ver el auto del Gonzalo ahí en el motel y pensó que era obvio que no estaba con la Carina. Porque para qué van a ir a ese lugar si tienen toda la casa para ellos. Así que pensó que debía estar con alguna mujer a escondidas. Ahí nomás se fue para otra habitación y decidió ir a contarle al otro día al Gonzalo que él le había chocado el auto, porque no iba a ir a molestarlo en ese momento. Martincito siempre fue muy ubicado.

Bueno, al día siguiente mi hijo va para la casa del Gonzalo y le cuenta que fue él quien le chocó el auto y le pregunta intrigado con quién estaba en el motel. El Gonzalo se lo queda mirando fijo a mi hijo por unos segundos. Se le pone pálida la cara. Martincito pensaba que se estaba por desmayar. Sin embargo el Gonzalo desde ahí, desde la puerta de entrada, llama a la Carina, que estaba adentro de la casa. Martincito pensó que se había vuelto loco, ¿para qué la llamaba? Pero cuando Carina llega hasta la puerta, el Gonzalo le pregunta: ¿Adónde era que te chocaron el auto ayer? ¿En el centro?…

¡Qué hija de puta!! — Eso no lo dijo el Gonzalo, lo estoy diciendo yo ahora— ¡Qué hija de puta! ¡Mire usted! ¡Era ella la que le estaba metiendo lo cuernos! ¡Fíjese cómo fue a meter la pata mi hijo!

Le dije a Martincito que eso le pasa por ser machista. Porque ni siquiera se le cruzó por la cabeza que podía ser la Carina la que lo estaba engañando, y eso que sabe que el Gonzalo sería incapaz de hacer una cosa así. Pero él me dice que tampoco creía que Carina fuese capaz de engañarlo…

Aunque, qué quiere que le diga, yo a la Carina siempre le tuve desconfianza. Tiene cara de mosquita muerta pero no es ninguna santa.

Por suerte yo soy una tumba, porque si yo hablara… Más de una vez la vi en situaciones sospechosas… Pero como yo no soy chismosa, ni de andar metiendo la nariz donde no me llaman, me quedo callada… Pero la he visto coquetear varias veces con el profesor del gimnasio… Le habla sensual, y le hace sonrisitas… Además, ¿usted vio cómo va vestida? Siempre con esos pantalones bien ajustados, que le marcan toda la bombacha, una mujer que va vestida de esa manera es porque quiere algo. Una mujer casada tiene que ser más discreta al vestirse. Diga que el Gonzalo es muy bueno, porque si yo me vestía así cuando vivía el Ernesto me daba flor de paliza, y bien merecida que la hubiese tenido.

Mire, a mi no me gusta afirmar cosas que no sé, pero estoy completamente segura que la Carina estaba en el motel con el profesor del gimnasio…

Yo me hago la sonza, la que no veo nada, pero ¿sabe las veces que la vi a la Carina, cuando viene a casa a comer con el Gonzalo, hacerle caritas insinuantes a mi Martincito? Por suerte yo no abro la boca, porque si no…

Así que Martincito armó un lío terrible, y ahora hay que ver qué pasa. Porque el Gonzalo no la va a perdonar así nomás a la Carina. Y encima, pobre, mi hijo está mal porque de algún modo se siente culpable de la separación, y para colmo esta chica, Josefina, ya no le atiende ni el teléfono… Porque resulta que Martincito anda con la cabeza extraviada por este asunto y no puede… no puede tener relaciones… ¿No sé si me entiende? No puede concentrarse. Ni siquiera me come, y resulta que esta chiruza la última vez que estuvieron en intimidad se le burló, porque a mi Martincito no se le… su… bueno usted me entiende, así que anda un poco deprimido…

No, no se ría, a cualquiera le puede pasar, lo que pasa es que está muy mal por el lío que armó, pero mi hijo es muy hombre…

¿De qué se ríe? ¿Adónde va? ¡Venga! Mi Martincito es muy buen amante, pregúntele a su hija, vaya y pregúntele, que le cuente cómo es mi Martincito en la cama, ella lo sabe bien… Mi hijo sabe cómo hacer gozar a una mujer, como su padre, que Dios lo tenga en la gloria, y no lo deje volver.