Obra de Teatro

Bajo terapia

de Matías Del Federico
Crítica de Madrid (Horacia Riveira)
Todo está calibrado y moldeado para que en un mar de risas el espectador se identifique con las situaciones del amor, el desamor, las rabietas y los conflictos que van apareciendo. Los actores son fenomenales, buenos amigos del público teatrero, sin duda. El director imprime un ambiente de espontaneidad, con un ritmo de vaudeville muy gratificante… y la representación entra en una montaña rusa que da vértigo porque conduce a un drama de nuestro tiempo. Un drama del que no se debe sugerir el final. Una psicóloga reúne a varias parejas y les plantea una tarea de autoterapia con una serie de propuestas escritas en unos sobres. Hasta entonces asistían a las sesiones por separado, de dos en dos, de manera que este es su debut en una terapia de grupo un tanto delirante, sin dirección, sin especialista al mando que evite los encontronazos o los redirija en función de un objetivo. Así las cosas, los enfrentamientos se suceden, cruzándose historias con el día a día de sus broncas, de sus placeres sexuales, de sus secretos más profundos, de sus miedos y dependencias… Cada perfil se va decantando por arquetipos convencionales: el contable, la abogada, el comercial, la maestra… Pero todo es pura fachada. Gente corriente que va desvelando capas de comportamientos singulares. Todos se van haciendo más interesantes en situaciones donde se entromete un estilo de farsa que nunca descuida el chascarrillo eficaz, el retruécano pícaro de comedia de enredos… hasta que de pronto nada es como promete, y lo que se ve venir es muy diferente a la peor de las sospechas. Bajo terapia es una obra que el mismo director estrenó en Buenos Aires con gran éxito. Tiene aquí fecha fija de última función, pero imagino que será reclamada para larga gira. El éxito actual así lo indica, sobre todo la emoción que consolida con un público que ríe muchísimo las gracias, pero que en la recta final se queda perplejo, asombrado, convirtiéndose en un espectador crítico ante una situación social deplorable. Sale del teatro un espectador renovado, que se ha reído de los personajes como si lo hiciera de sí mismo y de sus amigos, hasta que se le borra la sonrisa y acepta convertirse en cómplice de un acto de justicia.
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