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Autor: Matías Del Federico

Rayos y centellas

El viernes pasado, a las once y media de la noche, me quedé dormido y creo que por primera vez desde que convivimos me dormí antes que Flor. Generalmente no me duermo antes de las tres de la mañana. No importa que tenga que levantarme temprano. Es una costumbre nocturna que arrastro desde la secundaria. Me levanté el sábado a las diez de la mañana de muy buen humor. Cuando uno descansa las horas necesarias y duerme de corrido, al despertar el mundo parece un lugar maravilloso. Entonces, revitalizado por ese descanso, compré facturas y fui a desayunar al negocio de Flor. Cuando entré a Mística, (así se llama el local de Flor) una clienta comentaba de la tormenta que se había desatado a la madrugada. Yo no había escuchado nada pero al parecer había sido fuerte. Mucha agua, rayos y la luz cortada. Recordé que al despertarme había visto platos con velas en el baño y también en la habitación. Flor había estado un rato despierta mientras se desataba el vendaval. Cerca del mediodía prendí mi computadora para escribir…

Mentir bien

Que mal mienten los políticos. Quizás sea porque me estoy haciendo grande y empiezo a idealizar el pasado, pero creo que antes los políticos sabían mentir mejor. Uno ve el video de un ex Presidente hablando al pedo sobre la estratosfera en una escuela de Tartagal y el tipo tiene una actitud convencida. Es verdad que le estaba mintiendo a chicos de cinco años, pero hay que reconocerle que seguramente por dentro sabía que se estaba yendo al pasto con el discurso y sin embargo no se le movían ni los pelos de las patillas. En cambio los políticos de ahora son muy malos actores y eso me enoja. Porque no pretendo que sean sinceros. No soy tan ingenuo. Se muy bien lo que duraría un político si se lo ocurre decir verdades. Lo único que espero es que al menos sepan mentir bien. Porque todos mentimos. Por más que todavía hay personas que insisten con eso de que no soportan las mentiras, ellos también mienten. Mentir es lo que más hacemos en nuestras vidas. Incluso más que comer. ¿Cuántas…

Temporada  de alegorias políticas

Estamos en época de campaña electoral. Por lo tanto, arranca la insoportable temporada de alegorías políticas. A partir de este momento, políticos y periodistas comenzaran a explicar la realidad del país con cuentitos y metáforas insoportables. Seguramente arrancaran con que el país es una casa. Siempre hay alguien que utiliza la metáfora obvia de La Casa. El presidente, padre de familia, tendrá que estar atento a los temporales que azotaran nuestra vivienda en estos años que vendrán. Aunque nosotros, la familia argentina, también tendremos que poner mucho esfuerzo para sostener la casa que, nos aclaran, más que una casa es una pequeña choza sin cimientos. ¿Y saben por qué nuestra casa no tiene cimientos y es endeble? Porque durante décadas sarasa y etcéteras…  Pero mientras nos dejaron ahí, adentro de la choza, y creemos que nos seguirán machacando conque en la próxima elección tendremos que elegir si seguimos pintando las paredes o nos hacemos cargo del problema de fondo que es la humedad, de repente un político que pretende ser más original que el resto, nos saca de la choza…

Mamá

Tengo seis años y acabo de golpear mi cabeza contra una silla por no hacerte caso. Por jugar a la pelota en la sala grande. ¿Cuantas veces me lo repetiste? “No juegues con la pelota adentro de la casa, Matías”. Empiezo a llorar fuerte porque me toco la cara y veo sangre. Vos venís corriendo y me cubrís la cabeza con una toalla. Me llevas hasta lo de Carlitos. El padre de un amigo que es médico. Yo sigo llorando porque me duele pero también porque vos me retas. Aunque no es el mismo reto de siempre. Ese que suelo escuchar cuando hago una macana o me olvido de hacer la tarea. Esta vez me retas asustada. Porque sangro mucho y porque el corte fue muy cerca del ojo. Y eso vas repitiendo nerviosa durante todo el trayecto hasta lo de Carlitos: ¡Casi en el ojo, Matías, casi en el ojo! Carlitos cose la herida. Ya no sangra. Ya no duele. Vos te calmas. Pasa el susto. Nunca más voy a jugar a la pelota en la sala grande. Te…

El correcaminos persigue al coyote

Que ingenuos me parecen hoy en día mis cuidados en el pasado para que nada de mi vida privada traspasara de la puerta de mi casa. Cuando yo era chico me enojaba mucho si mis padres contaban mis intimidades ante algún familiar. Todavía recuerdo el reproche que le hice a mi vieja una tarde en la que le contó a una amiga que a mí me gustaba jugar en el patio de casa con unos jugadores de futbol de plástico que se ponían en las tortas. No le hablé en toda la semana. Es que yo ya tenía doce años y me daba un poco de vergüenza seguir jugando a lo mismo que jugaba desde los cinco años. Estoy seguro de que hoy sería yo quien le mostraría a todo el mundo el video de mi juego. Quizás solo me enojaría si no tiene la suficiente cantidad de reproducciones en Instagram. Es que hoy parece que ya no podemos diferenciar lo que es publico de lo privado. ¿Existirá todavía algún adolescente que se enoje si su madre entra a su…