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Categoría: Cotidianas

El correcaminos persigue al coyote

Que ingenuos me parecen hoy en día mis cuidados en el pasado para que nada de mi vida privada traspasara de la puerta de mi casa. Cuando yo era chico me enojaba mucho si mis padres contaban mis intimidades ante algún familiar. Todavía recuerdo el reproche que le hice a mi vieja una tarde en la que le contó a una amiga que a mí me gustaba jugar en el patio de casa con unos jugadores de futbol de plástico que se ponían en las tortas. No le hablé en toda la semana. Es que yo ya tenía doce años y me daba un poco de vergüenza seguir jugando a lo mismo que jugaba desde los cinco años. Estoy seguro de que hoy sería yo quien le mostraría a todo el mundo el video de mi juego. Quizás solo me enojaría si no tiene la suficiente cantidad de reproducciones en Instagram. Es que hoy parece que ya no podemos diferenciar lo que es publico de lo privado. ¿Existirá todavía algún adolescente que se enoje si su madre entra a su…

El humano bicentenario

La semana pasada escuché a un medico asegurar que, dentro de muy poco tiempo, el ser humano tendrá un promedio de vida de ciento cincuenta años, llegando incluso a la posibilidad de vivir hasta el bicentenario. En principio me pareció una buena noticia. De hecho, luego de escuchar esta información, pensé en destapar un vino para festejar. Pero al instante se me disipó la euforia. Claro que me gustaría vivir doscientos años pero: ¿De qué forma? ¿Cómo llegaríamos física y mentalmente a esa edad? Lamentablemente el medico no dio detalles sobre estos interrogantes. Porque ya conocemos personas que han vivido más de cien años. Son pocas pero las hay. Por televisión a veces muestran el cumpleaños centenario de algún abuelito. Justamente lo que uno intuye es que ese abuelo no sabe bien en qué año está viviendo ni quienes son esas personas que aplauden a su alrededor y resulta casi imposible identificar algún rasgo de lo que fue su cara. A veces me parece que la medicina olvida un detalle fundamental: Está bueno que vivamos más tiempo, pero lo que…

Mi abuelo Nardino

Mi abuelo Nardino era un hombre callado. Nunca una palabra de más. Mucho menos un chisme. Era muy reservado. Si hago un repaso de los almuerzos familiares que teníamos los sábados al mediodía, siempre encuentro a mi abuelo sentado en la punta de la mesa, con la cabeza y el cuerpo encorvado hacia el plato de comida. Casi nunca participaba de la conversación. A lo sumo pedía para que le alcanzáramos alguna bebida. Incluso en esos casos solía pedirlo solo señalando con la mano. Como si no estuviera dispuesto a esforzar la voz para pedir una gaseosa. Uno podría pensar que tenía una vida interior muy profunda. De ahí su silencio. O algún dolor crónico que lo hacía estar siempre con ese gesto parco y adusto. Algún mal pensado podría suponer que mi abuelo materno era de pocas palabras porque mi abuela se encargaba de hablar por los dos. Pero lo cierto es que era muy extraño escucharlo hablar. Por eso, cada vez que Nardino hacía un comentario o esgrimía una opinión, yo siempre escuchaba con atención. Era una novedad….

Morir es una carita triste

Siempre odie el ritual del velorio. Por muchas razones pero principalmente por la falsedad y el morbo por el dolor ajeno. Porque eso es lo que ocurre de verdad en los velorios. Es sarasa que sea una forma de despedir a un familiar. Esa es la zanahoria. Las idea mentirosa que nos hemos estado diciendo durante décadas. Por supuesto que hay dolor cuando una persona que queres, se muere. Y es obvio que la mayoría de los que concurren a un velorio sienten de verdad la pérdida de la persona que está acostada en ese cubículo de madera que puede llegar a costar más o menos como un dos ambientes en Palermo. No me estoy refiriendo a la falsedad de los sentimientos humanos. Me refiero a la sobre actuación de esos sentimientos por culpa de un ritual forzado e inorgánico. Porque un velorio es un escenario donde todos nos vemos obligados a seguir un guión pésimamente escrito. La primera vez que fui a un velorio yo era un niño y el primer reto que recibí fue porque hablaba fuerte. En…

Las cinco posiciones sexuales que te harán feliz

POSICION 1: PIERNAS AL HOMBRO Esta posición es difícil de realizar. Pero no te desanimes porque aprenderla no te servirá de mucho. Nada de lo que puedas leer en esta Cotidiana te hará feliz. Sé que seguramente es la razón por la que estás leyendo, pero reitero, no voy a cumplir con lo que promete el título. Así que ya podes dejar de leer si era eso lo que esperabas encontrar en este relato. POSICION 2: LA CARRETILLA La verdad es que hoy no tengo nada para decir. Y a veces, cuando no se tiene nada para decir, se recurre a frases o títulos que llaman la atención en un primer momento pero que luego no significan nada. En algunos debates televisivos se suele utilizar mucho este recurso. Prometer una bomba para después del corte pero que finalmente resulta ser un chasquibum. Sin embargo, y aunque acabo de aclarar que no tengo nada para decir, yo podría seguir escribiendo sin sentido y tal vez contara con la suerte de que vos sigas leyendo. Es contradictorio pero a veces da resultado….

Viviendo la vida virtual de otro

Ser o no ser, esa es la cuestión. ¿Pero qué pasa cuando los demás insisten con que seas otra persona? Desde que abrí una cuenta en Twitter estoy en esa encrucijada. Una mañana descubro que tenía un mensaje privado deseándome buena vida junto a Cinthia. No conocía a la persona que me enviaba el mensaje por lo tanto supuse que se había equivocado de destinatario. Le agradecí su deseo pero le aclaré que mi vida la comparto con Flor. Luego de un rato recibí un nuevo mensaje de la misma persona que me preguntaba:“¿No sos Matías?”. Le respondí como suelo hacer en casos parecidos, con una humorada: “Soy Matías, pero no creo ser el Matías que vos crees que soy.” “Tenes el mismo apellido, Defederico” Me respondió y ahí comprendí la equivocación. Entendí que Cinthia era Fernández, que yo supuestamente era Matías Defederico, el jugador de futbol, y que en mi perfil había puesto una foto mía junto a mis sobrinas mellizas, algo que seguramente terminó de influir en la confusión, porque el futbolista es padre de gemelas. Luego de…

Mi primer bisturí

  Son las nueve y media de la noche del Domingo 9 de Febrero del 2020. Estoy asustado y en una habitación de una clínica en el barrio de Belgrano, en Buenos Aires. Muy pronto estaré dormido e inconsciente. No es la primera vez que me van a suministrar anestesia, pero sí la primera vez que me van a operar, y no termino de asimilar que estoy a minutos de mi primer bisturí. Una cosa es saber que algún día de tu vida tendrás que pasar por el quirófano, pero otra muy distinta es cuando te anuncian que será dentro de un rato. “¿Es tu primera operación?” Me pregunta una enfermera, que al parecer es la encargada de explicarme los preparativos higiénicos para el quirófano. Sí, respondo, casi sin voz… La enfermera me mira y me sonríe con compasión. Como dije, estoy asustado, pero más que nada asombrado porque hace apenas unas horas fuimos con amigos a ver mi obra de teatro ParaAnormales y ahora estoy pasándome pervinox por el cuerpo para que me abran el estómago…  El dolor abdominal…

¡Alerta, alimentos!

Hace tiempo me propuse comer sano. ¿Pero qué significa comer sano? Esa fue la pregunta a responder y me puse a investigar. Leyendo distintos artículos referentes a la costumbres alimenticias de nuestro país, uno tiene la sensación de que cada cosa que vas a meterte a la boca puede ser una bomba de destrucción masiva en tu organismo. Recuerdo que cuando yo era chico miraba las publicidades que pasaban por televisión donde mostraban a niños sanos y fuertes ingiriendo con entusiasmo un vaso de leche fresca, y sentía un gran cargo de culpa porque yo nunca la tomaba y pensaba que entonces mi vida no iba a ser muy larga. Ahora, leyendo algunas advertencias sobre los lácteos, no salgo de mi asombro al enterarme de que no sólo no son esenciales para nuestro organismo sino que consumir lácteos podría derivar en problemas graves a futuro. Me pregunto qué será de la vida de esos pobres chiquitos de las propagandas de leche. Enseguida me fijé qué decían del consumo de café, porque soy muy cafeinómano. Al parecer el café hace mal…

Escritores asesinos

Rodrigo camina apurado mientras habla por teléfono con su mujer. Se desespera con lo que escucha. Su hijo menor, Nicolás, acaba de sufrir un accidente en el colegio y tuvo que ser hospitalizado. Su mujer le da un breve parte médico. Nicolás está en terapia intensiva, inconsciente. Rodrigo está al borde de volverse loco. Le pide a su mujer que le cuente más detalles y apura aun más el tranco. Necesita seguir hablando hasta llegar al hospital que queda a solo tres cuadras de donde está. Se distrae con la conversación y por eso va a cometer la imprudencia de cruzar la calle a mitad de cuadra sin fijarse en el colectivo que avanza con velocidad… Que manera de matar gente, los escritores. Cuantas muertes evitables que llevamos a cabo escribiendo en la soledad de una habitación. Digo evitables porque si revisamos cuentos, novelas, obras de teatro, películas, vamos a encontrar muchísimo ejemplos de personajes que fueron asesinados más por morbo del autor que porque lo exigía la trama. Hay excepciones, claro. En una película de guerra se justifican los…

El facilismo

El lunes al mediodía, mientras esperaba mi almuerzo en una estación de servicio, escuché una conversación que mantenían tres señores. La escuché por obligación, porque discutían como si estuviesen solos y en el medio de un campo. Hablaban de muchas cosas pero principalmente sobre la juventud de hoy en día. Yo intentaba concentrarme para responder un mail desde mi celular cuando uno de los hombres dijo: — ¡Ahí tenés la enfermedad! Tiki tiki con el celular. Todo el día así. Generación de ignorantes y boludos. Miré hacia la mesa y me di cuenta que lo decían por mí. Ni siquiera tuvieron la prudencia de reflexionar más bajito, como para que yo no escuchara. Si yo fuese tan pedante y desubicado como ellos, podría haberme levantado de mi silla, dirigirme con tranquilidad hasta la mesa de estos supuestos eruditos y preguntarles si alguna vez leyeron Rayuela de Cortazar. Si conocían las obras de teatro de Tito Cossa o si sabían cómo modular a Sol mayor en música. Pero hubiese sido una perdida de tiempo porque sospecho que aunque no tuviesen ni…

Florfobia

Hay un cuento que me está volviendo loco. Estoy estancado en una parte y no encuentro la manera de salir de ese aprieto. Cada vez que abro mi computadora y veo el archivo de Word de ese cuento inconcluso, me angustio. Por eso pongo miles de excusas para no sentarme a terminarlo. Sé que en algún momento voy a tener que enfrentarme a ese problema, pero lo pateo para más adelante. En la misma situación se encuentra Flor. Pero no con un cuento sino con las arañas, abejas, avispas, cucarachas, hormigas y todo bicho que camina, vuela o va a parar al asador. Hace dos años que convivimos. Antes, cuando transitábamos nuestro noviazgo, no me había dado cuenta de su fobia. El primer incidente ocurrió con las cucarachas. Habíamos llamado a Tito, el desagotador, porque en la casa que alquilamos las cañerías se tapan a cada rato. Cuando Tito levantó el ladrillo que cubre el resumidero de garaje, Flor justo pasaba por ahí cuando las cucarachas sumergieron de la pestilencia y comenzó a saltar como si le quemaran los pies….

Los rituales del festejo

Falta menos de un mes para mi cumpleaños y mi cuerpo lo sabe. Cada vez que se acerca la fecha, una grieta de fastidio comienza a resquebrajar mi buen humor. Y no es un fastidio provocado por un dilema existencial. No me produce tristeza cumplir años. Sé que hay personas que se angustian porque les cuesta asimilar el paso del tiempo. Que se debaten entre el festejo por un año más o la angustia por un año menos. Pero a mí lo que me genera estrés, al estar tan cerca de cumplir treinta y ocho veranos, es saber que voy a tener que aguantarme el ritual del festejo. Estoy cansado de poner cara da nabo cuando comienzan las palmitas y el que los cumplas feliz. De tener que sufrir ese momento alcahuete. Hace poco googleé para conocer el origen de este ritual de cumpleaños. Al parecer, la tradición es bastante ancestral y se la asocia a la magia y a la religión. Aunque la canción del Cumpleaños feliz, incorporada a este ritual insoportable, es un poco más actual. Fue compuesta…

Pelotas de colores

— Tío Mati, vamos a jugar a las pelotas… — me dijo mi sobrino Salvador y nos fuimos para el patio. La primera vez que jugamos a las pelotas era un juego muy simple. Salvador me pedía que lanzara la pelota amarilla bieeeennn alto y yo hacía caso un par de veces. Lanzaba la pelota hacia el techo y la atajaba antes de que caiga al suelo. Cada tanto, cuando notaba que mi sobrino comenzaba a aburrirse de la rutina, fingía no llegar a atajarla o quedarme sin fuerzas y apenas elevar la pelota amarilla unos centímetros. Pero una tarde se me ocurrió hacer una variación en el juego. Cuando Salvador me alcanzó la pelota amarilla, yo escondí una pelota roja en mi espalda. Decidí probar un truco de magia bastante trucho. Aprovechando que Salvador miraba hacia el cielo cuando la pelota volaba por el aire, tiré la pelota amarilla arriba del techo en caída y arrojé una pelota roja  al mismo tiempo, pero para otro costado, y lo incitaba a mi sobrino para que mirara en la dirección en…

Después de Osvaldo

Ayer fue un Domingo con lluvia. Ideal para sentarme a escribir pero no tenía ganas. Entonces abrí un diario digital y me interesó un artículo sobre nuevos inventos que ya están a punto de salir a la luz. Al parecer se vienen muchos adelantos tecnológicos pero no decían nada de una nueva versión de Word. Hace tiempo que estoy esperando un invento, una aplicación que sería muy útil para la escritura creativa. Porque el Word, tal cual lo conocemos, ya no es suficiente. Cuenta con algunos beneficios. Al menos te subraya en rojo las palabras que escribís mal. Nos sirve a los escritores para no entregar un manuscrito con tantos errores de ortografía pero no es muy útil para la escritura creativa. Necesitamos un formato de Word más inteligente. Que ayude al escritor en el momento de la creación. Pensé en un nombre para esa aplicación: Word 10.5 Creative. No es un nombre muy original pero fue el único que se me ocurrió. Y es por esto que con tanta urgencia lo necesitamos los escritores. Necesitamos un Word 10.5 Creative…

Puteadas sanadoras

Mi hermano es una persona puteadora. Ojo, no es un tipo mal hablado, de esos que no pueden decir dos palabras sin recurrir a una grosería. Es más, es muy raro que lo escuches putear fuera del ámbito familiar. Y nunca la puteada va dirigida directamente a un tercero. Es muy respetuoso con el prójimo. Pertenece a esa clase de gente que putea por descarga, para alivianar una situación estresante. La recalcada concha de tu madre es su puteada más recurrente. La utiliza cuando se le pincha una goma de la camioneta o cuando no le funciona el celular. A mí me encanta esa puteada. Sobre todo cuando pronuncia la palabra concha. Le pone un énfasis a la con, arrastrando la consonante, la connnnnnn y remata chadetumadre todo junto, como si fuese una sola palabra. Tiene puteada para los estados del tiempo: frío del orto, puteada italiana: porca madonna, y enojos eclesiásticos: Dios y todos los santos conchudos. También se autoputea. No sé si existe esa palabra pero parafraseando a mi hermano, me importa tres carajos si no existe. Cuando…

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