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Categoría: Cotidianas

¡Alerta, alimentos!

Hace tiempo me propuse comer sano. ¿Pero qué significa comer sano? Esa fue la pregunta a responder y me puse a investigar. Leyendo distintos artículos referentes a la costumbres alimenticias de nuestro país, uno tiene la sensación de que cada cosa que vas a meterte a la boca puede ser una bomba de destrucción masiva en tu organismo. Recuerdo que cuando yo era chico miraba las publicidades que pasaban por televisión donde mostraban a niños sanos y fuertes ingiriendo con entusiasmo un vaso de leche fresca, y sentía un gran cargo de culpa porque yo nunca la tomaba y pensaba que entonces mi vida no iba a ser muy larga. Ahora, leyendo algunas advertencias sobre los lácteos, no salgo de mi asombro al enterarme de que no sólo no son esenciales para nuestro organismo sino que consumir lácteos podría derivar en problemas graves a futuro. Me pregunto qué será de la vida de esos pobres chiquitos de las propagandas de leche. Enseguida me fijé qué decían del consumo de café, porque soy muy cafeinómano. Al parecer el café hace mal…

Escritores asesinos

Rodrigo camina apurado mientras habla por teléfono con su mujer. Se desespera con lo que escucha. Su hijo menor, Nicolás, acaba de sufrir un accidente en el colegio y tuvo que ser hospitalizado. Su mujer le da un breve parte médico. Nicolás está en terapia intensiva, inconsciente. Rodrigo está al borde de volverse loco. Le pide a su mujer que le cuente más detalles y apura aun más el tranco. Necesita seguir hablando hasta llegar al hospital que queda a solo tres cuadras de donde está. Se distrae con la conversación y por eso va a cometer la imprudencia de cruzar la calle a mitad de cuadra sin fijarse en el colectivo que avanza con velocidad… Que manera de matar gente, los escritores. Cuantas muertes evitables que llevamos a cabo escribiendo en la soledad de una habitación. Digo evitables porque si revisamos cuentos, novelas, obras de teatro, películas, vamos a encontrar muchísimo ejemplos de personajes que fueron asesinados más por morbo del autor que porque lo exigía la trama. Hay excepciones, claro. En una película de guerra se justifican los…

El facilismo

El lunes al mediodía, mientras esperaba mi almuerzo en una estación de servicio, escuché una conversación que mantenían tres señores. La escuché por obligación, porque discutían como si estuviesen solos y en el medio de un campo. Hablaban de muchas cosas pero principalmente sobre la juventud de hoy en día. Yo intentaba concentrarme para responder un mail desde mi celular cuando uno de los hombres dijo: — ¡Ahí tenés la enfermedad! Tiki tiki con el celular. Todo el día así. Generación de ignorantes y boludos. Miré hacia la mesa y me di cuenta que lo decían por mí. Ni siquiera tuvieron la prudencia de reflexionar más bajito, como para que yo no escuchara. Si yo fuese tan pedante y desubicado como ellos, podría haberme levantado de mi silla, dirigirme con tranquilidad hasta la mesa de estos supuestos eruditos y preguntarles si alguna vez leyeron Rayuela de Cortazar. Si conocían las obras de teatro de Tito Cossa o si sabían cómo modular a Sol mayor en música. Pero hubiese sido una perdida de tiempo porque sospecho que aunque no tuviesen ni…

Florfobia

Hay un cuento que me está volviendo loco. Estoy estancado en una parte y no encuentro la manera de salir de ese aprieto. Cada vez que abro mi computadora y veo el archivo de Word de ese cuento inconcluso, me angustio. Por eso pongo miles de excusas para no sentarme a terminarlo. Sé que en algún momento voy a tener que enfrentarme a ese problema, pero lo pateo para más adelante. En la misma situación se encuentra Flor. Pero no con un cuento sino con las arañas, abejas, avispas, cucarachas, hormigas y todo bicho que camina, vuela o va a parar al asador. Hace dos años que convivimos. Antes, cuando transitábamos nuestro noviazgo, no me había dado cuenta de su fobia. El primer incidente ocurrió con las cucarachas. Habíamos llamado a Tito, el desagotador, porque en la casa que alquilamos las cañerías se tapan a cada rato. Cuando Tito levantó el ladrillo que cubre el resumidero de garaje, Flor justo pasaba por ahí cuando las cucarachas sumergieron de la pestilencia y comenzó a saltar como si le quemaran los pies….

Los rituales del festejo

Falta menos de un mes para mi cumpleaños y mi cuerpo lo sabe. Cada vez que se acerca la fecha, una grieta de fastidio comienza a resquebrajar mi buen humor. Y no es un fastidio provocado por un dilema existencial. No me produce tristeza cumplir años. Sé que hay personas que se angustian porque les cuesta asimilar el paso del tiempo. Que se debaten entre el festejo por un año más o la angustia por un año menos. Pero a mí lo que me genera estrés, al estar tan cerca de cumplir treinta y ocho veranos, es saber que voy a tener que aguantarme el ritual del festejo. Estoy cansado de poner cara da nabo cuando comienzan las palmitas y el que los cumplas feliz. De tener que sufrir ese momento alcahuete. Hace poco googleé para conocer el origen de este ritual de cumpleaños. Al parecer, la tradición es bastante ancestral y se la asocia a la magia y a la religión. Aunque la canción del Cumpleaños feliz, incorporada a este ritual insoportable, es un poco más actual. Fue compuesta…

Pelotas de colores

— Tío Mati, vamos a jugar a las pelotas… — me dijo mi sobrino Salvador y nos fuimos para el patio. La primera vez que jugamos a las pelotas era un juego muy simple. Salvador me pedía que lanzara la pelota amarilla bieeeennn alto y yo hacía caso un par de veces. Lanzaba la pelota hacia el techo y la atajaba antes de que caiga al suelo. Cada tanto, cuando notaba que mi sobrino comenzaba a aburrirse de la rutina, fingía no llegar a atajarla o quedarme sin fuerzas y apenas elevar la pelota amarilla unos centímetros. Pero una tarde se me ocurrió hacer una variación en el juego. Cuando Salvador me alcanzó la pelota amarilla, yo escondí una pelota roja en mi espalda. Decidí probar un truco de magia bastante trucho. Aprovechando que Salvador miraba hacia el cielo cuando la pelota volaba por el aire, tiré la pelota amarilla arriba del techo en caída y arrojé una pelota roja  al mismo tiempo, pero para otro costado, y lo incitaba a mi sobrino para que mirara en la dirección en…

Después de Osvaldo

Ayer fue un Domingo con lluvia. Ideal para sentarme a escribir pero no tenía ganas. Entonces abrí un diario digital y me interesó un artículo sobre nuevos inventos que ya están a punto de salir a la luz. Al parecer se vienen muchos adelantos tecnológicos pero no decían nada de una nueva versión de Word. Hace tiempo que estoy esperando un invento, una aplicación que sería muy útil para la escritura creativa. Porque el Word, tal cual lo conocemos, ya no es suficiente. Cuenta con algunos beneficios. Al menos te subraya en rojo las palabras que escribís mal. Nos sirve a los escritores para no entregar un manuscrito con tantos errores de ortografía pero no es muy útil para la escritura creativa. Necesitamos un formato de Word más inteligente. Que ayude al escritor en el momento de la creación. Pensé en un nombre para esa aplicación: Word 10.5 Creative. No es un nombre muy original pero fue el único que se me ocurrió. Y es por esto que con tanta urgencia lo necesitamos los escritores. Necesitamos un Word 10.5 Creative…

Puteadas sanadoras

Mi hermano es una persona puteadora. Ojo, no es un tipo mal hablado, de esos que no pueden decir dos palabras sin recurrir a una grosería. Es más, es muy raro que lo escuches putear fuera del ámbito familiar. Y nunca la puteada va dirigida directamente a un tercero. Es muy respetuoso con el prójimo. Pertenece a esa clase de gente que putea por descarga, para alivianar una situación estresante. La recalcada concha de tu madre es su puteada más recurrente. La utiliza cuando se le pincha una goma de la camioneta o cuando no le funciona el celular. A mí me encanta esa puteada. Sobre todo cuando pronuncia la palabra concha. Le pone un énfasis a la con, arrastrando la consonante, la connnnnnn y remata chadetumadre todo junto, como si fuese una sola palabra. Tiene puteada para los estados del tiempo: frío del orto, puteada italiana: porca madonna, y enojos eclesiásticos: Dios y todos los santos conchudos. También se autoputea. No sé si existe esa palabra pero parafraseando a mi hermano, me importa tres carajos si no existe. Cuando…

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